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ENTREVISTAS |GUITARRA

Fernando Pérez: "A veces compongo cosas que ni soy capaz de tocar"

Pablo Vargas
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Hawai, Cuba, Jamaica, Egipto, Japón, toda América, España, Francia, Irlanda, India... Fernando Pérez es un viajero incansable que sigue aprendiendo y domando las guitarras del folclore mundial.
Este zaragozano viajó a EE.UU. y decidió aposta por algo diferente.
Además... 
Fernando ha tocado casi por todo el mundo.

¿Cuándo y por qué comenzaste a tocar la guitarra?

Comencé a los siete años, mis padres tenían una guitarra por casa, siempre guardada encima de un armario, así que un verano al acabar la escuela estaba buscando mi nuevo entretenimiento para las vacaciones.

Al preguntar a mi madre que era eso, ella la bajó y me tiré todo el verano en el balcón rasgueando las cuerdas sin saber como tocar, cantando y tan feliz como quien no sabe lo que hace y le da igual.

A mí me sonaba a gloria y, desde entonces, sigo con ese cariño y sin poder despegarme de ella.

¿Cuáles son los artistas que más te han influido como músico y como guitarrista?

Ufff.... son muchísimos, ni podría mencionarlos a todos... Tanto dentro del mundo guitarrístico como fuera de él, todo ha ido por temporadas y estilos, pero al final cualquiera que trae algo nuevo a mi humilde mundo musical es siempre recibido con todo mi corazón e interés.

¿Comenzaste en el conservatorio? ¿cómo consideras esa etapa?

Tuve la suerte de tener el conservatorio debajo de casa, así que después de aquel insólito verano, mis padres me apuntaron en él y comencé las clases de solfeo, guitarra clásica, etc.

Considero que unos estudios serios de conservatorio son una de las bases más solidas que un músico pueda tener. Un conservatorio puede ser al mismo tiempo un lugar peligroso, pero también puede ser la mejor escuela o metodología para una actitud musical que después te ayudará mucho sobre el terreno.

Peligroso porque el sistema es tan sólido y seguro que uno casi puede dormirse en la tradición y olvidar que nuestra responsabilidad, como artistas, es la de llevar la música más allá, tal y como hicieron esos maestros que estudiamos.

En cuanto a ser la mejor metodología, me refiero a la disciplina que te inculca y que, si sabes comprender, hace que tengas una actitud muy potente para seguir desarrollando tu vida musical.

¿Es la base de lo que eres como músico o hubieras podido avanzar sin esta teoría?

Dudo mucho que hubiese llegado lejos sin ella. Todo depende de adónde quiera uno llegar. Aparte de esto, también hay que salir a otros lugares, estudiar otros sistemas y lenguajes, como pueda ser el jazz, sistemas musicales de otras culturas y otra serie de cosas, ya que, al fin y al cabo, gracias a Dios esto es interminable.

De los grandes e interesantes sitios en los que has tenido la oportunidad de formarte, ¿cuál te ha dejado más poso?

La verdad es que cada lugar ha hecho mucho en mi de maneras muy diferentes, no solo centros formativos sino como autodidacta o en mis encuentros con otros artistas.

Por poner algún ejemplo, durante mis estudios en L'aula de Barcelona y la Escuela de Música Creativa en Madrid encontré una gran familia que me apoyaba en mis pasos formativos.

Los EE.UU. fueron toda una bofetada con la cruda realidad, la competitividad más seria frente a los grandes artistas que se apiñaban en Los Angeles.

Me enseño mucho sobre la actitud, el empeño y puso ante mi la mayor trampa que me enseñaría mi mejor lección. Fue entonces cuando empecé a hacer sesiones para artistas como Michael Bolton, Ronnie Turner (Tina Turner) e incluso tuve la suerte de hacer un concierto para Prince.

Y sí, es un mundo muy bonito y de colores, que te engatusa, pero olvidas lo importante: la música, la creatividad, las maravillas de descubrir cosas nuevas... todo a cambio de un trabajo bien pagado, repitiendo siempre las mismas típicas progresiones de acordes.

Entonces rompí con todo y seguí adelante con mi búsqueda de cosas nuevas. Viaje a Hawaii donde había oído que existían dos estilos de guitarra completamente diferentes e únicos en el mundo, así que allí volví a recuperar mi alma, aprender a respirar mientras tocas, a emocionarte de corazón por el cariño y ternura que las notas te ofrecen y no por tus ilusiones mentales.

Aún recuerdo que durante un concierto allí todo sonaba tan bonito que, de la emoción, eché a llorar mientras tocaba. Imagínate, tocando la steel guitar con el slide y afinando con lagrimones en los ojos... [risas].

Más tarde pasé por otros lugares, como el Conservatorio de Música Ãrabe en Oriente Medio o mi gurú de música clásica en la India. Esto ya es otro mundo. Oriente. Allí es donde volví a nacer en la música.

En estos lugares la música no se aprende calculada o por nombres de notas, matemáticamente, etc. En la India retomé y aumenté la profundidad del arte. Recuerdo que cuando mi profesor me explicaba como interpretar un nuevo modo, escala, como lo quieras llamar (allí, ragas), decía que estas "ragas" son como personas.

Nuestra interpretación de la raga es una descripción de ellas y cuanto más tiempo pasamos juntos, conociéndolas, mejor podemos tocar. Allí el buen músico no es quien toca más rápido y complicado sino el que mientras describe a estas "personas" hace que él mismo y el oyente crean que la "persona" está presente.

¿Cómo comienzas la composición? ¿Te anticipas a lo que buscas o todo fluye?

La mejor lección que he aprendido sobre composición es que cuando la musa llega el mundo se para. No hay ni orden ni leyes. Unas veces comienza por un lado, otras te pilla por otro. Ella es de las de "aquí te pillo aquí te mato", a veces llega te da un besito y desaparece, otras te pegas toda la noche en ello.

Eso sí, es celosa donde las haya. Y si no sabes dejarlo todo por ella, ninguna clase de composición te va a dar lo máximo. Lo mejor de todo es que nuestra querida inspiración no hace distinción entre buen músico o malo, el principiante o el avanzado... a todos ofrece el mejor cariño.

¿Te queda tiempo para estudiar?

Es mi momento favorito, sin el continuo aprendizaje estoy muerto. Intento escapar de rutinas que permanezcan días o semanas.

Soy constante y disciplinado pero, para no perder chispa, diviso el objetivo y busco diferentes maneras de llegar a él.

Digamos que quisiera conseguir mejorar un tipo de digitación complicada y ganar soltura y velocidad en ella. Entonces lo que hago es que, en lugar de escoger un ejercicio, la intento aplicar para crear diferentes formas y pasajes con esta digitación determinada. De este modo combato la rutina, el aburrimiento y la muerte de la creatividad.

Fernando Pérez guitarrista

Cada instrumento te exige un determinado estilo y técnica, aunque todas sean parecidas a una guitarra ¿verdad?

Sí. En realidad, si te metes muy de lleno, cada una llega a ser casi un instrumento totalmente diferente, así que si además quieres fusionarlos, entonces te toca hacer horas extra.

Si hablamos sólo de tocar guitarras con trastes, eso en sí es todo un mundo, y eso sin contar afinaciones alternativas. Aparte del estilo compositivo o tu acercamiento personal, debo inventarme técnicas para cubrir mis necesidades.

También tengo la maldita costumbre de componer cosas que ni yo mismo puedo tocar, y necesito crear nuevas combinaciones técnicas, practicar mucho después de componer e incluso, a veces, me toca dejarlo por imposible.

En guitarras con slide, bottleneck o de estilo lap steel esto se incrementa. Están poco exploradas, aunque es cierto que hoy en día mucha gente las toca. Pero, en realidad, son pocos los que conocen los trucos más rebuscados, y menos los que los aplican en composiciones.

De todas formas no quiero asustar a nadie. Tampoco tienes que volverte idiota tratando de hacerlo todo. Hablo desde un punto de vista personal. Sólo busco la inspiración y el corazón.

¿Nos puedes contar algunas de tus particularidades en la ejecución?

Pues no sabría por donde empezar... Por ejemplo, hubo una pieza que arreglé para guitarra resonadora (national resophonic guitar) que la aprendí en mis sesiones de aprendizaje de música japonesa.

Está compuesta para Koto y su tesitura es muy amplia, del mismo modo que el instrumento tiene todas sus cuerdas al aire y resuena mucho. Así que tuve que hacer una combinación propia que consistió en crear la afinación adecuada para que tuviese la sonoridad, en algunos pasajes una mezcla de arpegios graves con el pulgar, y armónicos artificiales.

Después de tanto esfuerzo fue toda una alegría que el presidente de National Resophonic me llamara a casa diciendo que querían contar con esa grabación en su catalogo de audio para las guitarras de la compañía. Esta pieza está incluida en mi CD Mojo Roots Music se llama Ame (Lluvia).

Para ti, ¿cuál es el atributo principal que debe poseer un buen guitarrista?

Ganas de aprender cosas nuevas y experimentar, admirar a otros artistas pero no querer ser nunca igual que ellos sino que hay que buscar tu propio camino.

Además, ser humilde para que la inspiración te visite y abierto para descubrir nuevos mundos que traer a todos los que queremos escuchar y disfrutar.

No es importarte el hecho de ser mejor o peor guitarrista más que para seguir aprendiendo y recordar que compartimos el mismo amor por este instrumento.

¿Qué tipos o estilos de música escuchas? Además de las músicas de folclore mundial, ¿escuchas música más comercial o no te interesa?

Me gusta estar abierto a todo, si algo no me gusta paso a otra cosa y ya está, sin juzgar. Si encuentro algo interesante lo disfruto. Normalmente esto no me sucede en la música comercial, pero nunca se sabe...

¿Qué nos puedes contar de los diferentes tipos de guitarra que empleas para tocar?

Ahora mismo, en los últimos años, he trabajado con la resonadora, hawaiana, india, española y mi guitarra árabe. Muchas son prototipos o difíciles de conseguir. La resonadora sólo se fabrica en San Luis Obispo, en California.

La Hawaiana tiene pocos constructores y la que yo utilizo es de un luthier mexicano de gran talento llamado David Hernández, del mítico Paracho, la famosa ciudad con más tradición en construcción de guitarras en el mundo.

La guitarra árabe me la reformé yo mismo y fui a un luthier de laudes árabes del Cairo para que le diera un toque más árabe.

De la india tengo dos prototipos diferentes creados por un luthier de Calcuta y después reformados por mi. Y la española es una flamenca de Sanchís que fue un regalo de mi antiguo profesor y ahora gran amigo el artista Chema Vílchez.

¿Te ha interesado alguna vez el mundo de la guitarra eléctrica?

Sí, pasé muchos años en él, no sé si fue un buen augurio o no, pero el primer artista que conocí al llegar a Los Angeles fue el gran Steve Vai, del cual aprendí mucho.

Después toque mucho blues. Cada lunes tocaba en el club de B.B.King, en los estudios universales, donde conocí a Loui Lista, mi gran padrino en el mundo del blues, que se crió con sus amigos de aventuras Taj Mahal y Rye Cooder.

En el campo de guitarras de jazz solía dejar la mía en casa cada vez que iba a pasar la tarde en casa de Norman Brown, que me dejaba escoger una de entre sus montones de archtop de la mejor calidad. La verdad es que la vida me ha tratado muy bien... le deseo estos momentos a cualquier guitarrista.

Después también llegaron los pedal steel y guitarras hawaianas. Siempre visitaba los "pawn shops" (las casas de empeño) de California donde podías toparte con unas Vintage tiradas de precio.

En fin, he tenido muchos años eléctricos, así que ahora estoy muy a gusto en el mundo acústico, con otro tipo de intimidad.

¿En qué proyectos musicales estás inmerso?

Ahora mismo estoy a punto de comenzar ensayos para una obra de Guitarra y cuarteto de cuerda. Me ha costado varios meses componerla y arreglarla, pero finalmente podré escuchar los sonidos de mi cabeza en la vida real.

El director musical de la orquesta sinfónica de la Biblioteca de Alejandría me está ayudando a reunir el cuarteto así que espero ansioso el momento de estrenarla.

Hace algún mes me contabas que estabas en Egipto, y viendo tu currículum has viajado por todo el mundo. ¿Qué has sacado de tus viajes? ¿Puedes contarnos alguna anécdota?

De los viajes siempre se saca mucho y anécdotas no faltan, por lo que decidirme por una es difícil. Por ejemplo, cuando fui a estudiar en la India tuve que ir a firmar mi residencia en la Jefatura de Immigración. Así que una mañana de camino a clase fui allí. Ellos me miraban muy raro y con cara de pocos amigos... un giri quedándose en esa ciudad varios años, ¿por qué? ¿para aprender música?

El caso es que entre una pregunta y otra me dijeron que si eso que llevaba era una guitarra, que la sacara y les tocara algo. En fin, me eché una melodía india popular mal tocada y se quedaron tan contentos: papeles firmados y todos tan amigos.

Heartbeats from the Middle East, cuéntanos algo de este trabajo...

Es mi ultimo CD, o casi, por que acabo de sacar tres a la vez: el primero es Heartbeats from the Middle East con un artista del Cairo llamado Mohammed Antar, que toca el Ney turco. En él hacemos composiciones originales en estilos árabes, turcos, flamencos e indios.

Como curiosidad tenemos muchos temas interpretados en la guitarra árabe que es una especie de guitarra española sin trastes pero tocada al más puro estilo del laúd árabe.

Por Amor al Flamenco son composiciones flamencas para guitarra española y algunas percusiones, piezas que he ido componiendo a lo largo de varios años en momentos que echaba de menos mi tierra durante mis estancias en otras países.

Y otro es Shoshan que es una colaboración con el artista israelí Shye Bent Zur con temas originales que combinan la cultura Hindu, Musulmana Sufí y Judía, entre otras cosas. Hay toques indios, de oriente medio, flamencos y hasta del oeste de Ãfrica.
Todos están disponibles a través de mi web en www.mojorootsmusic.com

Fernando, tú que estás inmerso hasta el fondo en las músicas del mundo ¿Qué percepción tienes del negocio de la música?

No me gusta crucificar a nadie pero he de decir que se nos ha ido un poco de las manos. Por un lado el exceso de explotación. Por otro, la falta de juicio en lo que se publica hoy en día. Me gusta que todos tengamos más oportunidades, pero me molesta que se le de puerta abierta a la mediocridad.

Pienso que tenemos una responsabilidad de crear y producir cosas nuevas para mantener el arte vivo, pero los "Beethoven" de hoy en día están enterrados bajo cantidades industriales de ruido y negocios, por no decir que si no limpiamos las cosas un poco, creo que el mañana traerá pocas obras maestras.

No quiero sonar pretencioso, simplemente creo que podemos utilizar los medios y ventajas de nuestros tiempos de una manera más positiva. Además, si todos buscamos la autenticidad, siempre habrá un lugar y respeto para cada músico o artista al mismo tiempo que todos podremos ganarnos la vida.

16/03/2010



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